Toda acción realizada por el ser humano requiere de una codificación de signos y símbolos lingüísticos, los cuales conforman la primera fase de configuración del pensamiento. El lenguaje es un generador de realidades: un ente no existe en el pensamiento humano hasta que es posible nombrarlo o describirlo.
El uso de los símbolos, como hace referencia Giedion y a su vez Javier Royo, es lo que nos define como seres humanos, pues llevamos a cabo procesos de pensamiento más complejos y estructurados que otros seres vivos: interpretamos y definimos el contexto en el que nos encontramos inmersos, representamos el mundo de acuerdo a la exploración y entendimiento que hacemos de éste y lo plasmamos en la interacción comunicativa que tenemos con el entorno, un proceso implícito a nuestra naturaleza.
El lenguaje se convierte entonces, en el medio por el que el humano se acerca, entiende y comunica su realidad.
La realidad es a su vez producto de un consenso en la interpretación de los signos. Comunicarse requiere que los participantes compartan las mismas definiciones sobre los elementos de la realidad, pero además, de un medio en el cual plasmar estos signos. Como bien indica Royo “…el ser humano se ha valido de instrumentos para poder comunicarse con otros hombres y lo ha hecho por medio de diferentes herramientas físicas que a su vez han incidido en la forma de comunicar”.[1]
Las tecnologías desarrolladas desde 1835 hasta la culminación en Internet y su subsecuente interfaz gráfica han complicado el usual esquema de emisor, mensaje, contexto y receptor. La comunicación gráfica dota al usuario de omnipresencia, omnipotencia y atemporalidad en su emisión y recepción de mensajes, pero lo constriñe a sus propias características particulares, objetivos buscados y herramientas que dispone en el ciberespacio. La comunicación gráfica evoluciona físicamente “en cuanto a necesidad de interpretar el entorno y en lo cultural en la forma de interpretar ese entorno e interpretarse el hombre a sí mismo”[2]; por otro lado la estructura del contexto socioeconómico y cultural de un individuo influye notablemente en el uso de las nuevas tecnologías.
A través de las nuevas tecnologías el diseñador digital estructura y establece espacios para usuarios pluriculturales usando como herramienta fundamental el lenguaje y la configuración de códigos propios del área de diseño; el diseñador digital es un comunicador de un mensaje que debe cumplir con funcionalidad y estética.
El problema se hace evidente cuando la cantidad de información a transmitir responde a necesidades tales como posicionar una marca en el mercado y apelar al consumo y utilidad de un producto, bombardeando en cada posible espacio con información reducida y banalizada al usuario. El objetivo fundamental de la comunicación gráfica se vuelve entonces una respuesta de las circunstancias mercantiles y retóricas del dueño del mensaje. Los cuestionamientos tales como ¿a qué público va dirigido? ¿es funcional y organizada la información que se presenta? ¿cumple realmente con su función? etc., se producen de acuerdo a la visión que posea el diseñador digital sobre el objetivo que persigue: no pretendo exhortar a ignorar a quienes encargan la construcción de una interfaz gráfica, sino que hago el reconocimiento del poder que tiene el diseñador digital para tanto cumplir el objetivo del cliente en cuestión, como de no reducir el lenguaje a construcciones mínimas de venta.
¿La posición a tomar puede decidirse desde un punto de vista teórico o es necesario responder de acuerdo al contexto social presentado? ¿qué tan plástico puede permitirse ser un diseñador digital o esto es simplemente una excusa a no tomar una postura? ¿la decisión va antes o después de conocer el contexto social del usuario? ¿y si se toma un caso de estudio será más fácil de decidir? Hablemos pues del contexto inmediato al que me enfrento, el estado de Oaxaca y la sociedad oaxaqueña que lo constituye.
En el 2006 el panorama que se vivía en el Estado de Oaxaca era de caos, los medios digitales eran los medios por los cuales transitaba la información. A través de redes sociales, periódicos virtuales, sitios clandestinos de debate y difusión se postulaban opiniones sobre el conflicto campal que se acentuaba en el Estado; más allá de contener una estética agradable, se enfocaban en la acción inmediata de informar a una población global lo que acontecía a cada instante; más allá de cumplir con normas específicas de diseño, se buscaba como fin común contextualizar un suceso por medio de imágenes, videos, textos, etc. La utilidad del ciberespacio era netamente la de inculcar una postura política al usuario, y cualquier uso de herramientas de diseño respondían a reforzar ésta.
Hay que señalar sin embargo, que este episodio fue una situación extraordinaria dentro de la vida cotidiana de una sociedad. Hoy día los medios digitales en Oaxaca están en su primera etapa, si bien continuan gestándose en las entrañas de lo que fue su uso en un conflicto socio-político-cultural, aún no encuentran un propósito que los delimite como un ciberespacio oaxaqueño. Estamos en plena fase de desarrollo: son muy pocas, por no decir nulas, las instancias oaxaqueñas que cuentan con una imagen o perfil en el ciberespacio, estamos bombardeados de información de sitios web externos, nacionales e internacionales, nuestra búsqueda de algo en concreto nos hace llegar con otros sitios que no son regionales. En Oaxaca el uso de los medios digitales está banalizado tan sólo a consultas en sitios como Google, Facebook, Twitter, Msn, Yahoo entre otros, lo cual demuestra que el usuario dedica su tiempo de navegación más al ocio que a la actividad cotidiana.
Pensar en ir contracorriente de este uso y concepto que nuestra sociedad tiene del ciberespacio es un error si no se acerca de forma inteligente al usuario con todos los potenciales de este medio de comunicación, puesto que “el ciberespacio existe según la conciencia que tenemos de él”[3]. Para transformarlo hay que hacerlo en unión con el contexto en que se vive, como se ha explicado en estos párrafos anteriores, y no se puede generar una transformación de una construcción cultural si no se tiene información anterior o referencial de ella. Es deber del diseñador hacer uso de las herramientas de las que dispone para hacer de esta nueva realidad un lugar confortable para quien lo use, sobre todo en las etapas iniciales de contacto entre la comunicación gráfica y la sociedad oaxaqueña, porque la limitación del usuario es la limitante más grande que encontrará el diseñador al momento de querer desarrollar todo el potencial de la información digital.
¿Entonces cuál es la postura? En conclusión el diseñador digital debe moldearse a los requerimientos y exigencias sociales y contextuales, haciendo uso de sus herramientas y conocimientos, interpretando el medio y enfocándose a puntos específicos que demande el usuario y su momento social. Sí, el diseñador digital será plástico al respecto, pero lo que no puede permitirse es perderse en banalidades o ahuecar la herencia cultural más grande del hombre mismo, aquella que lo representa como ser pensante: el lenguaje. No es permisible sucumbir ante las exigencias que mermen la riqueza lingüística con tal de transmitir la mayor cantidad de información posible e insertar una marca, tampoco es permisible perder todo el potencial que ofrece este medio que ha rebasado la linealidad estricta y quedarse satisfechos con atender las demandas del momento sin intentar despertar al usuario la curiosidad y exigencia de pedir más.
ENTREGADO!
ResponderEliminarMe pareció muy bueno el nivel de análisis y la forma de ligarlo con los conceptos de la lectura. Muy bien sigue así.