viernes, 12 de agosto de 2011

Guión Literario

Mateo había nacido rodeado de máquinas, televisiones, controles, aparatos sin vida propia. El vivía esclavizado a todos ellos, sus manos eran extensiones de la televisión y sus dedos ya eran parte de los controles de video. Sus ojos no podían observar más aya de lo que el monitor le ofrecía, impulsos externos a ella lo confundían le daban miedo. Su rostro no tenía expresión, su mirada parecía triste y confundida y de su boca no había salido nunca una sonrisa. Una tarde de esas lluviosas, un tanto oscuras, en la casa de Mateo se quedaron sin luz. Mateo un poco aturdido y temeroso bajo al sótano para tratar de solucionar el problema. En medio de la oscuridad tropezó con una caja de cosas viejas. Una lámpara rodó y una luz encendió. Mateo había caído sobre un objeto que jamás había visto, su forma era muy interesante, al igual que su textura, pero lo que realmente llamó su atención era ese color, un color que era totalmente nuevo para percepción, no era amarillo pero tampoco era café. ¡Ah! Pero ese olor, ese olor que lo atrajo y lo embrujo dulcemente cuando lo abrió, hizo que Mateo tuviera unas ansias de devorarse aquél objeto. Cuando comenzó a leer, las letras que en un principio eran solo letras, se convirtieron pronto en divertidas y fascinantes señoras con diferentes peinados y vestimentas, poco tiempo después comenzaron a formar mares, calles, ciudades enteras nunca antes conocidas, de repente aparecieron personajes, hombres con cabezas enormes, animales de diez patas, era toda una locura. Las hojas lo abrazaban, ellas se resistían un poco al principio porque tenía mucho tiempo que nadie les había echado un vistazo, pero poco a poco se dejaron seducir por las manos encantadoras de Mateo, dejándole ver su contenido. Sus ojos estaban vueltos locos, nunca habían recibido tanta información, sus manos parecían atrofiadas y su mente era todo un caos, era como una fuente que emanaba cientos y cientos de imágenes. Pronto las hojas se terminaron, pero Mateo seguía teniendo tantas ganas de seguir leyendo, que comenzó nuevamente a leer, sin imaginarse que nuevamente comenzaría su aventura.

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